Estoy un poco atascadilla. Tengo que terminar un artículo para un proyecto y estoy en blanco. Quizá por el hecho de que debe ser muy breve no consigo dar con las palabras que resuman todo. Y me aburro. Y tengo sueño. Y no quiero hacer lo que tengo que hacer. Quisiera soñar un poquillo, pero no hay nada en el horizonte que me provoque el estado mental/emocional que necesito. Eso sí. He caído en un gran agujero. Llevo media tarde escuchando, una y otra vez, tres cancioncillas de cierto quinteto de los noventa que no nombraré aquí. Quedaría demasiado mal. Pero la realidad es esta: no dejo de escuchar esas tonadillas tontas y fáciles. Y cuando empiezo así, dejándome llevar por gilipolleces como esa, y divagando por lugares no recomendables... sé cómo puedo acabar. Y si aliñas toda esta estupidez con un poco de, mmm... Jacques Brel, y Scott Walker, y Jaques Brel, y Scott, y el grupete ese... pues definitivamente no te has ganado ni siquiera el Purgatorio. Pero me siento así. Tontica.
Me repatean particularmente estos días que cuentas con algo de tiempo, y cosas pendientes que generalmente te apetece hacer (o debes hacer) y que sin embargo, no tienes ninguna gana de hacer, excepto cuando no cuentas con nada de tiempo. Me explico. Durante la semana, entre clase, deberes y curro, apenas tengo tiempo para chorradas (aunque siempre mantengo un margencillo para mis cosicas). Ocurre que a veces tengo tiempo; por ejemplo, una tarde entera sin compromisos, libre por entero para mí. Entonces me digo: por fin, ahora termino las letras de aquéllas canciones... y luego dibujaré aquéllo que me rondaba por la cabeza, o continuaré escribiendo aquél relato que tanto me estaba emocionando... pero no me apetece. Son, precisamente, los días que tengo tiempo, los días que me apetece perderlo. Y es una gran putada. Como una broma cruel y despiadada. Esos días sólo quiero quedar con mis amigas, o ver la tele, o pasarme horas leyendo, o mirando al techo pensando en cómo construir una cámara que sea réflex sin serlo... Y en cambio, cuando me he acostado a las dos de la mañana por terminar alguna cosa y me tengo que levantar a las siete, no puedo dormir. Me quedo leyendo hasta tarde y encima me levanto y me pongo a dibujar estupideces. Joder, debería estar durmiendo. Y me pongo a pensar en lo genial que sería atreverme a decirle algo a aquél camarero de ojos oceánicos y me invento todo un romance. En fin. Y me pregunto... pierdo el tiempo o lo gano? La verdad es que no termino de entender estos mecanismos.
Siempre me falta tiempo, para perderlo y para ganarlo. Y para perder, y para ganar.
Estoy un poco atascadilla.
PD: Por cierto, vaya sosez de post. Creedme que he dudado horrores en publicarlo. El título prometía más, verdad? En fin; otro día hablaré sobre el Purgatorio. Qué dolor de corazón!
Me repatean particularmente estos días que cuentas con algo de tiempo, y cosas pendientes que generalmente te apetece hacer (o debes hacer) y que sin embargo, no tienes ninguna gana de hacer, excepto cuando no cuentas con nada de tiempo. Me explico. Durante la semana, entre clase, deberes y curro, apenas tengo tiempo para chorradas (aunque siempre mantengo un margencillo para mis cosicas). Ocurre que a veces tengo tiempo; por ejemplo, una tarde entera sin compromisos, libre por entero para mí. Entonces me digo: por fin, ahora termino las letras de aquéllas canciones... y luego dibujaré aquéllo que me rondaba por la cabeza, o continuaré escribiendo aquél relato que tanto me estaba emocionando... pero no me apetece. Son, precisamente, los días que tengo tiempo, los días que me apetece perderlo. Y es una gran putada. Como una broma cruel y despiadada. Esos días sólo quiero quedar con mis amigas, o ver la tele, o pasarme horas leyendo, o mirando al techo pensando en cómo construir una cámara que sea réflex sin serlo... Y en cambio, cuando me he acostado a las dos de la mañana por terminar alguna cosa y me tengo que levantar a las siete, no puedo dormir. Me quedo leyendo hasta tarde y encima me levanto y me pongo a dibujar estupideces. Joder, debería estar durmiendo. Y me pongo a pensar en lo genial que sería atreverme a decirle algo a aquél camarero de ojos oceánicos y me invento todo un romance. En fin. Y me pregunto... pierdo el tiempo o lo gano? La verdad es que no termino de entender estos mecanismos.
Siempre me falta tiempo, para perderlo y para ganarlo. Y para perder, y para ganar.
Estoy un poco atascadilla.
PD: Por cierto, vaya sosez de post. Creedme que he dudado horrores en publicarlo. El título prometía más, verdad? En fin; otro día hablaré sobre el Purgatorio. Qué dolor de corazón!
